Obras de arte de Barcelona

Guía de obras artísticas imprescindibles de la ciudad

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  • Obras de arte de Barcelona

    Haga clic en la flecha de arriba para empezar a explorar las obras de arte de Barcelona que no te puedes perder.

    No están en el Prado ni en el MoMA: son obras maestras del arte universal y ¡las tenemos en Barcelona! Entre el monumental patrimonio de la ciudad, Joana Hurtado y Ricard Mas os han elegido las obras que debéis ver de cerca, como mínimo, una vez en la vida.

    Obras de arte de Barcelona
  • La vicaría, 1870

    Marià Fortuny (1838 – 1874)

    MNAC

    Aunque murió con sólo 36 años, se le tiene por el mejor pintor español del siglo XIX después de Goya. La Diputación de Barcelona debió intuir hasta dónde llegaría, porque le pagó para ir a estudiar a Roma y le encargó obras de gran formato sobre la Guerra de África. Estos viajes a Marruecos influenciaron su pintura hasta el punto de ser uno de los máximos representantes del orientalismo en España. Pero a partir de 1866 se dedica a pintar escenas costumbristas, como ésta, un interior ambientado en el siglo XVIII donde tiene lugar la firma de un contrato matrimonial. Considerada la culminación de su estilo, luminoso y virtuosamente preciosista, La vicaría fue un éxito comercial en su tiempo.

    La vicaría, 1870
  • Hombre cactus I, 1939

    Juli González (1876 - 1942)

    MNAC

    Estalla la Segunda Guerra Mundial y Juli González, figura capital de la vanguardia y pionero de la escultura en hierro en nuestro país, decide hacer un hombre cubierto de espinas. Una metamorfosis simbólica y una figura fragmentada que rompe con la simetría tradicional para crear un juego de contrastes que abre un nuevo concepto de volumen. Amigo de Picasso y Gargallo, que lo incitan a jugar con las posibilidades del material, González compagina el compromiso político con la experimentación formal del hierro. Sus soluciones cubistas le llevan a recortar y doblar planchas, mientras que las barras le sirven para “dibujar en el espacio”, como decía él, creando las obras filiformes que le darán prestigio internacional.

    Hombre cactus I, 1939
  • El ala de la alondra..., 1967

    Joan Miró (1893 – 1983)

    Fundació Joan Miró

    Referente mundial indudable, absolutamente toda la obra de Miró que expone de forma permanente su fundación es un must con mayúsculas. ¿Por qué esta obra? Pues porque pocas expresan tan bien la voluntad del artista “de alcanzar el máximo de intensidad con el mínimo de medios”. En su última etapa, Miró toma telas de gran formato que desnuda y simplifica, intensificando colores y condensando su alfabeto de signos. Para quien busque ‘entender’ el arte abstracto, aquí el título da todas las pistas. Ahora bien, como siempre en Miró, el ​​tema no está representado literalmente sino que depende de una constelación de símbolos que hacen de esta pintura de paisaje una original composición vertical, casi a vista de pájaro.

    El ala de la alondra..., 1967
  • La espera (Margot), 1901

    Pablo Ruiz Picasso (1881 – 1973)

    Museu Picasso

    Para algunos, un maestro. Para otros, un monstruo. Picasso es uno de los artistas más reconocidos e influyentes del siglo XX. Su obra es una suma de etapas (la azul, la rosa, la cubista ...) donde hay siempre una obra maestra. Pero, ¿quién era Margot? ¿Qué espera con la mirada perdida y los brazos recogidos? También conocido como la morfinomanía o Pierreuse, que quiere decir prostituta, este retrato es el resultado de sus primeros contactos con la vida nocturna y bohemia de París. El trazo en el rostro es enérgico, corto y suelto al fondo, donde la pincelada, gruesa y cargada, se deja llevar por los colores vivos. A medio camino entre el puntillismo, Toulouse-Lautrec y Van Gogh, este es un Picasso joven que busca y comienza a encontrar un lugar más allá de España.

    La espera (Margot), 1901
  • Sant Climent de Taüll, 1123

    Maestro de Taüll

    MNAC

    La obra más emblemática de la ciudad y una de las más excepcionales del románico europeo. Nuestra elección es también la más grande, por tamaño y por edad, y eso que puede ser terriblemente moderna. La fuerza de sus colores y la geometrización de sus formas influyeron en artistas del siglo XX, como Picasso y Picabia. Pero el espectador de hoy está lejos de reconocer cada una de las escenas y personajes del Antiguo y el Nuevo Testamento que rodean este Cristo del Juicio Final. En cambio, la grieta que la atraviesa como un rayo, como ilustrando la inscripción del libro Ego Sum Lux Mundi (Yo soy la luz del mundo), es también una raíz que nos habla de los movimientos, del suelo o de ella misma, que fue trasladada desde el Valle de Boí, donde hoy hay una reproducción. “La obra del mundo sobre la obra de los hombres”, que diría Perejaume.

    Sant Climent de Taüll, 1123
  • Santa María Magdalena, 1470

    Jaume Huguet (1412 – 1492)

    Fundació Francisco Godia

    Miradla bien. No me diréis que no es demasiado natural para ser una virgen... De acuerdo, es María Magdalena, que pura y casta tampoco lo era, precisamente. Huguet la representa como una dama de la corte con atributos de la Virgen: sentada en el trono, con vestiduras de reina y un rosario en la mano. El marco dorado de columnas finas, siguiendo el estilo gótico catalán, uno de los más ricos y brillantes de nuestro ámbito artístico de todos los tiempos, acaba de darle el aire místico que la corona de santa no consigue marcar. La luz del rostro y la suavidad de los pliegos apuntan un naturalismo de influencia italiana. Esta frágil elegancia y refinamiento han situado a Huguet entre los más grandes del arte medieval catalán.

    Santa María Magdalena, 1470
  • Calcetín, 2010

    Antoni Tàpies (1923-2012)

    Fundació Antoni Tàpies

    No hay mucha obra de Tàpies en formato de escultura pública. Calcetín nace a raíz de un encargo del MNAC para ser instalado en la gran Sala Oval. Pero una polémica extrartística convirtió esta colosal escultura de 18 metros en nada. En 2010, la Fundación decidió reabrir sus instalaciones con una versión de 2,85 metros de esta pieza que exalta la cotidianidad y la sencillez. Un calcetín es una pieza tan humilde como utilitaria. Convertirla en escultura nos hace reflexionar sobre la movilidad del inmanente, pero también recuerda los problemas motrices de un artista que, con la edad, va descubriendo el desgaste físico como parte de un destino inexorable.

    Calcetín, 2010

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No están en el Prado ni en el MoMA: son obras maestras del arte universal y ¡las tenemos en Barcelona! Entre el monumental patrimonio de la ciudad, Joana Hurtado y Ricard Mas os han elegido las obras que debéis ver de cerca, como mínimo, una vez en la vida.

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